INTERVENCIÓN DE OLEK EN LA ESTATUA DE SAN FERNANDO, (SPAIN)

Día 31 de octubre / a las 10:00 comienza la intervención. 
La artista realizará una intervención en la Plaza Nueva de Sevilla, y cubrirá con su famoso crochet la escultura de San Fernando al igual que hizo en pasadas ocasiones en ciudades como New York, donde intervino el toro de Wall Street, o mas recientemente en Polonia, donde cubrió un tren entero de crochet.

La intervención podrá visitarse desde el mismo día 31 hasta el 12 de noviembre.
Y estad atentos, habrá mas acciones de la artista en Sevilla!


Olek nació en Polonia, como Ágata Oleksiak en el año 1978, después de completar su BA en Estudios culturales por la Universidad Adam Mickiewicz, Polonia, se mudó a la ciudad donde actualmente reside y trabaja, Nueva York.
El trabajo de Olek ha sido exhibido en galerías, museos y espacios públicos alrededor del mundo, apareciendo en numerosas ocasiones en publicaciones y medios tales como The New York Times, New York Magazine, Artforum, TimeOut New York ,TIME Magazine, The Wall Street Journal, ARTINFO, The Huffington Post, Newsweek, The Daily Beast, Village Voice, CNN, ABC News, CBS News y NBC News.
Olek ha recibido numerosos premios incluyendo el premio Ruth Mellon de Escultura en el 2004, el premio In Situ Artaq (Francia) en el 2011 y una beca en el 2011 de el Lower Manhattan Cultural Council (LMCC) por sus performances en espacios públicos.
Olek ha participado en residencias que incluyen Sculpture Space en 2005, Instituto Sacatar (Brasil) en 2009 y AAI-LES en 2010. En 2008 Olek ganó el Apex Art competition, que fue presentado en PBS (Public Broadcasting Service). En el 2010 el Brooklyn Museum of Art comisionó a la artista para que realizara una intervención de un día, una performance interactiva acompañada de una instalación. En 2012, Olek formó parte de la exhibición en el Smithsonian, 40: Craft Futures, para la que se exhibió un apartamento completamente cubierto de crochet.


Un mundo tejido a crochet.


Texto por Omar Quiñones.
Co-fundador y redactor de Velvet Liga http://velvetliga.com
Olek es el pseudónimo bajo el que la artista, de origen polaco y residente en Nueva York, Agatha Oleksiak ha cubierto medio mundo con su característico crochet. Actividad que ha colocado a Olek como uno de los referentes de la escena mundial, claro ejemplo es pertenecer al selecto grupo de artistas con los que cuenta la galería neoyorquina Jonathan LeVine.
Distintos soportes, distintos lugares, distintas intervenciones de naturaleza muy distinta. Todo ello con un elemento común: cubrir completamente objetos y superficies con crochet. Algo que a priori puede parecer una acción centrada en la estética, encierra un discurso muy sólido. Una reflexión sobre las formas impuestas a las que nos han acostumbrado, camuflándolas con mapas de color en un interesante ejercicio de descontextualización. Las conexiones que existen entre todos nosotros y todo lo que nos rodea, conexiones que se desmoronan tan sólo cortando un hilo. Esos hilos a los que nos aferramos como única esperanza, al igual que Teseo se aferraría, en el mito del laberinto del Minotauro, al hilo de Ariadna, para así poder salir del laberinto.
Olek trabaja duro, investiga en distintas vías a través del crochet. Y ahora viene a Delimbo Gallery para mostrar la visión a través de su particular prisma sobre los toros, el flamenco o las vírgenes. Santa Agatha es el título de esta exposición, que coincide con el nombre de pila de Olek y, seguramente, con la fuerza con la que defendió esta santa sus principios. La misma fuerza y convicción con la que Olek teje su obra alrededor de todo el mundo.

Esa segunda piel llamada crochet (referencias cruzadas en la obra de Olek).

Texto por Marcos Fernández. http://marcosfernandez.es/
Editor de BLOUIN Artinfo España, redactor de DOZE Magazine y Clone Magazine

Es posible madurar, como si se tratara de un vergel en expansión, a través del conocimiento, los mitos y nuestras sombras. El calado de nuestro propio tejido humano, como el crochet, es una metáfora de complejidades interconectadas, donde el peso de la trama se sostiene como una unidad indivisible y volátil.
Ágata Oleksiak, artista de origen polaco afincada en Nueva York, nos muestra una segunda piel de los objetos y de los individuos a través de una nueva epidermis de fibras cromáticas. Si el húngaro Christo descontextualizaba el orden de los espacios mediante un envoltorio, que dotaba de cierta corpulencia a los fenómenos arquitectónicos y terrestres, Olek conduce el color travestido de un caleidoscopio a golpes de hilo trenzado, con unas tesis que distorsionan la ingenuidad de las formas.

La artista polaca nos ofrece, en esta esperadísima exposición en Delimbo, un recorrido a través del imaginario atávico por antonomasia y su folclor más tradicional, aproximando contenidos tan dispares como la fenomenología popular de nuestro país, la remota mitología griega y las onomásticas.
Estos ingredientes son un encuentro solemne, más allá de la urdimbre del entrelazado, entre Santa Ágata de Catania, Minos y Pasífae, su hija Ariadna y el mito del Minotauro o Toro de Minos: una sinopsis tan anfetamínica como intelectualmente plausible.

Santa Ágata (o Águeda) de Catania fue una virgen y mártir según la tradición cristiana. Su festividad se celebra el 5 de febrero y, los orígenes de su santidad, se remontan a la historia donde el procónsul de Sicilia, Quintianus, fue rechazado por la joven que ya se había comprometido a seguir las sendas de Jesucristo. El romano, con la ayuda de Afrodisia, intentan convencer a la muchacha, pero ésta no cedió. Quintianus, en venganza por no conseguir el júbilo carnal, la envía a un lupanar donde milagrosamente conserva su virginidad. Encolerizado, el procónsul ordenó que la torturaran y que le cortarán sus senos.
El manierista Sebastiano de Piombo y el maestro Piero della Francesca la representaron como protectora del fuego y se tiende a considerarla como prónuba de la feminidad y de la lactancia.
La fijación de la artista por la tauromaquia, no sólo parte del laberíntico reto desatascado por Teseo para liberar a Grecia y huir con Ariadna -posteriormente abandonada, descubierta por Dionisos y asesinada por Perseo o, según la ‘Odisea’ de Homero, asesinada por Artemisa-, también germina del romanticismo mediterráneo y de todo el interés de Olek por crear una retroalimentación en torno a la realidad económica y social, mediante los mitos que se encierran debajo del hilo tendido y bajo la película del crochet.

Se supone, que la práctica del ganchillo asciende a destrezas de origen sudamericano, chino o árabe, que fueron paulatinamente popularizadas en Europa durante el siglo XVIII aunque, haciendo un juego de referencias cruzadas, me llama muchísimo la atención las analogías con el concepto amigurumi japonés. Ésta es una tendencia que consiste en tejer pequeños muñecos mediante la técnica que atesora Olek, creando vínculos amistosos e infantiles a través de la cultura, muy japonesa, de lo kawaii o de la ternura.
No sé si todo esto esconde otra naturaleza que se me pueda escapar. Quizás por mi gusto hacia lo perverso y lo grotesco, entiendo que pueda existir una trastienda más allá de la suave piel con la que modifica la idea de las cosas. Eso me reconforta y hace que la experiencia, activamente, despierte algo a lo que aproximarme con encanto.

El famoso toro situado en Wall Street de Nueva York fue “crocheteado” sin piedad en una fría noche, de ahí quizás, su gusto por estos robustos animales pero, unos de los trabajos más llamativos son, sin duda, los enviroments que fabrica en pequeñas logias cerradas, lo que nos hace pensar en un viaje transatlántico de cotidianidades, y la ingenuidad de un aparente pasatiempo octogenario, embellecidas por una serie de elementos que invitan a lo ancestral, donde aparecen esqueletos o antecedentes simbólicos cercanos a la idea de la Santa Muerte mejicana, lo que me inspira ciertos vínculos sincréticos abstraídos de la contemporaneidad.
Unos de sus últimos y más titánicos trabajos ha sido el envoltorio de ganchillo desarrollado para una locomotora con vagones en Lodz, en su Polonia natal, durante el pasado verano. Puesta en escena que consolida un modo de vida y una actitud brutalmente accesible que, mientras siga tirando de la madeja, evolucionará con coherencia.
Aparte, la artista, va dejando un registro imborrable desde la neoyorquina galería que la representa, Johnathan LeVine, donde pudo hacer su debut con la exposición individual ‘The bad artists imitate, the great artists steal’ en al año 2011, así como un sugerente recorrido por distintos centros de arte y museos de todo el mundo.
Ella demanda un cambio de lugar para el lugar, lo que provoca que sus instalaciones y esculturas alcancen una alta frecuencia, no sólo por la intensidad del color sino, sobre todo, porque el contraste que crea a través del nuevo sentido del material original, los convierte en un “Loop after loop”: una vuelta tras otra, como el golpe de muñeca que ha de hacerse con la aguja conveniente.
Me parece un situacionismo muy oportuno el que haya bidireccionalidad entre pensamiento y resolución, algo que considero de obligada factura, ya que ahí se apoya realmente el universo arcano del discurso de Ágata Oleksiak. Uno determinado por una serie de conocimientos muy concretos que han de verse encerrados dentro del cubo blanco, o del espacio público, para ser experimentados en su totalidad y comprobar in situ cómo de mutables son las direcciones de un trabajo.

La polaca describe literalmente su trabajo de esta forma: “Creo que el crochet, como yo lo concibo, es una metáfora de la complejidad y la interconexión de nuestro cuerpo, sus sistemas y su psicología. Las conexiones son más fuertes desde la unidad, en lugar de acciones distintas y fragmentadas pero, si se corta unan de ellas, todo se vendrá abajo [...]”.
El ovillo no parece cortarse nunca. Dejemos, pues, que la medida de éste siga haciendo su trabajo.

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