Tejer ya no es cosa de abuelas




Un café, una buena conversación y la lana como excusa. El 'urban knitting', la última moda adoptada de Estados Unidos, está causando sensación en cafeterías de toda España. Cada vez son más las jóvenes que, aguja en mano, se animan a acudir a estas 'quedadas' organizadas a través de blogs y redes sociales.
Mientras algunas acaban de conocerse, las más habituales ya son íntimas. "Como cada una vive en un punto distinto, creamos una página en Facebook donde compartimos patrones, intercambiamos ideas y organizamos nuestros encuentros", explica Juana Morales, cofundadora de Lana Connection, una asociación de chicas conectadas a través de un hilo común: su pasión por la lana. "Es un grupo muy heterogéneo, cualquiera puede entrar y salir cuando le venga bien. Últimamente tenemos hasta algún chico", añade entre risas.
Además de reunirse para tejer y compartir experiencias, este movimiento urbano intenta disfrazar la ciudad con un punto de color. Su primera acción fue abrigar la escultura La mujer del espejo, de Botero. Pese a lograr su objetivo, sacarle una sonrisa a los transeúntes, en plena Plaza de Colón la obra les duró un asalto.
Con las siguientes, en cambio, han tenido más suerte. En ARCO, las 'ganchilleras' se dedicaron a entregar pollitos hechos a mano a todos los visitantes. "A la gente le hizo muchísima gracia", cuenta Vanesa Luizarra, miembro del grupo. También repartieron amor por San Valentín, armadas con corazones de lana. "Fue muy divertido, se los regalamos a todas las parejas que se acercaron", asegura Clara Montagud, cofundadora de Lana Connection.

Romper la monotonía

Con estas 'locuras laneras' pretenden romper la monotonía del día a día. "Siempre vamos con prisas a todos lados, pero de esta manera la gente se para, nos pregunta qué hacemos y suele responder muy bien porque nuestros proyectos son amables con el entorno y no tratamos de reivindicar ninguna idea política", afirman las chicas de Lana Connection, que ya piensan en su próximo reto.
Cuando se les pregunta por las horas que dedican a su afición,reconocen que el punto puede ser muy adictivo. "A mí a veces se me va de las manos, tengo algo que hacer y pienso, bueno, una vuelta más. Cuando me quiero dar cuenta ya llevo media bufanda hecha", dice Vanesa. Sin embargo, también tiene sus ventajas, sobre todo a la hora de tener un detalle. "Si nace un bebé, enseguida le haces unos patucos, y en los cumpleaños es un regalo único y personal, nadie le va a regalar lo mismo", relata Clara.
Además, es un 'vicio' relativamente barato. "Un ovillo te cuesta unos dos euros y, una vez que tienes las agujas, son para toda la vida". Para ellas, la mayor virtud de la calceta es que ayuda a matar los tiempos muertos. "Viajar en Metro es uno de los mejores momentos del día y cuantas más horas, mejor, más tiempo para tejer", confiesan. ¿Y en verano? "Seguimos haciendo punto, pero cambiando la lana por hilos de algodón".
Aunque en su día fueran sus madres las que les enseñaron a hacer sus labores, ellas no se consideran unas antiguas. "Muchas veces, las amistades nos dicen que no somos de esta época”, se quejan las chicas. "Nosotras creemos que, tengas la edad que tengas, puedes hacer punto". Ahora, la tendencia del 'urban knitting' les da la razón: tejer ya no es cosa de abuelas.

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